Archivos Mensuales: diciembre 2014

¿De dónde viene el jugón?

Todo el mundo tiene un pasado. Hasta las estrellas de Hollywood de hoy día tienen fotos en las que salen con un peinado que hoy nos parecería más que gracioso, o han hecho algún trabajo más que chungo del que ahora no quieren acordarse. Pues nosotros los jugones también tenemos un pasado. No me quería referir a que hayamos hecho algo oscuro en nuestra adolescencia o juventud, pero ciertamente todos tendremos fotos de algún peinado que querríamos no viese la luz nunca en esta vida.

Pues sí, en nuestro pasado ya jugábamos a algo. Algunos jugones de hoy día cuentan siempre la misma historia. De jóvenes jugaban a rol. Solían pasar largas tardes de domingo con los amigos matando orcos, investigando sucesos extraños o pilotando cazas estelares. Y es que es muy bonito cuando recordamos esos días pasados con la añoranza con la que lo hacemos hoy. Hoy día no tenemos ese tiempo que teníamos tantos años atrás. Nuestros quehaceres nos ocupan demasiado tiempo. Pero la ilusión puede que la mantengamos intacta.

Inicios jugones

Cruzada Estelar, Star Wars El juego de rol, y Magic The Gathering

Esa ilusión yo la tengo desde luego. Hace unas semanas compré esto. En mi adolescencia, como esos jugones a los que menciono, yo he jugado a rol. Mucho menos de lo que hubiera querido, y no he sido un gran jugador, pero ciertamente he disfrutado cada uno de los momentos -esas largas tardes de domingo- que pasé con mis amigos. Por supuesto que ahora no juego. Y no es que me falten ganas. Hace poco uno de mis compañeros de juego nos preguntaba por Facebook si estaríamos interesados en jugar a rol en algunas de las mañanas de domingo que ahora dedicamos cada dos semanas a los juegos de mesa. Yo contesté ilusionado que por supuesto. Aunque como todo en estos días que llevamos, las cosas van despacio y aún no he blandido ninguna espada, no he investigado ningún misterio ni he intentado reparar mi sable láser. Supongo que mi reciente compra más que nada se puede deber ya al mero coleccionismo, aunque no descartaba la idea de intentar introducir en aquel mundillo olvidado a amigos no jugones con los que juego de vez en cuando.

¡Ay, el pasado! ¡Hay que ver la felicidad con la que recordamos esos días! Ciertamente es así. Aunque también, nuestro yo actual podría decirle tres o cuatro cosas a nuestro yo pasado si tuviera un teléfono con el cual comunicarse con él. Yo siempre digo que me encargué de cargarme mis notas en el instituto mientras jugaba a Magic The Gathering. Este es otro posible pasado que muchos jugones de hoy día han podido experimentar. Si pudiera hacer esa llamada mi yo responsable -o al menos más que aquél- le diría a mi yo adolescente que guardase un poco más las cartas y estudiase un poco más de vez en cuando, y probablemente que se gastase menos dinero en ellas. No quisiera hacer la cuenta de cuánto dinero pude gastar en cartas durante aquellos años, pero básicamente era cada peseta que pasaba por mis manos. Y por supuesto mis cartas hoy día no es que valgan mucho dinero. Ya se encargó de ello Wizards of the Coast de seguir sacando expansiones para devaluar el precio de nuestras antiguas cartas, que de poco más sirven ahora sino para hacer bulto en los plásticos cuando vamos a hacer un prototipo o print&play.

¿Imperio Cobra y otros tantos de aquella editorial? Pues no. Aquellos yo no los jugué, aunque supongo que muchos lectores de esta entrada tendrán muy buenos recuerdos ahora mismo. Yo soy nacido en el año del Mundial de fútbol en España y lo que recuerdo haber jugado es a mi Cruzada Estelar -que aún conservo-. Recuerdo dónde me lo compró mi madre, y hasta el precio que le costó. 3000 pesetas. El Heroquest costaba 3500 pesetas, y yo quizá la convencí de que me comprase aquel Cruzada Estelar diciéndole que era más barato que el otro. Es extraño recordar que hasta con aquel juego ya hacía yo la labor evangelizadora que se nos supone hacemos hoy día a los jugones, o como se nos llama en otros sitios, los alpha-gamers. En mi pueblo ya jugaba con amigos que no estaban acostumbrados a jugar a juegos de aquella complejidad.

Son muchos y variados los inicios de los jugones de hoy día. Estos fueron los míos. Después de ellos -al igual que muchos jugones- apenas he jugado a nada hasta hace pocos años. Muchos años de inactividad de juego que no han hecho más que acrecentar las ganas con las que ahora nos hemos metido de lleno en esta afición. La afición del juego de mesa está en alza hoy día. Se deberá al trabajo de mucha gente, sí, pero la añoranza que teníamos tantos de nosotros tiene más que su importancia.

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¿Por qué juega el jugón?

Desde que jugamos a juegos y hablamos sobre ello, este es un tema sobre el que discutimos con cierta frecuencia. Parece una de esas preguntas existenciales de por qué estamos en este mundo pero trasladada a nuestra afición. ¿Por qué jugamos? ¿Con qué motivación juega cada uno de nosotros? Estas son preguntas de difícil respuesta, aunque la clave, como todo en esta vida, es que hay variedad de situaciones. Hay distintos jugadores y cada uno tendrá sus razones por las que dedicar las tardes, las noches, o cuando sea a jugar. En el resto de la entrada voy a intentar desgranar un poco el asunto y pretendo ampliar el tema en alguna entrada posterior.


El jugón es social

Hay personas que afirman que lo que les gusta de jugar a juegos de mesa es precisamente el aspecto social del mismo. Para ellos el objetivo primordial es quedar con los amigos y pasar la tarde. Su afición a los juegos de mesa se caracteriza principalmente por su componente social. Para este jugón, los momentos de juegos son momentos compartidos con otros amigos. Sin conocer datos (tarea imposible por otra parte) apostaría a que la mayoría de jugones pertenecen a este grupo. Quizá sea porque yo me encuadro inequívocamente en este grupo, y porque la mayoría de la gente que conozco también pertenece a éste. Como me considero así, un jugón social, hablaré de sus características desde mi propia experiencia, pues ¿qué cosa hay más fácil que escribir sobre la propia visión de uno mismo?

Jugones en el Festival Internacional de juegos de Córdoba 2014

Jugones en el Festival Internacional de juegos de Córdoba 2014. De izquierda a derecha: Gonzo, Andrés, Valentín, Lorena, Estrella, Aitor y Cefe.

Los ratos de juegos para mí son ratos pasados con mis amigos. Fácil. Mi propósito a la hora de quedar para jugar es pasar el tiempo entre amigos y de paso emplearlo en algo que me gusta como lo son los juegos de mesa. Disfruto igualmente cuando con mis amigos me tomo un café en nuestra cafetería favorita, o cuando salimos por la noche y lo que tomamos son cervezas o gin-tonics. Son actividades distintas pero el trasfondo es el mismo. En las tres situaciones me gusta reunirnos y contarnos los problemas que tenemos, las cosas buenas que nos pasan y discutir sobre el tema que nos venga en gana.

Alguno podrá pensar en si tanto componente social puede entrar en conflicto con el propio acto de jugar y la competitividad que lleva implícita. Pero nada más lejos de la realidad. ¿El jugón no es competitivo? Por supuesto. La propia denominación no nos hace pensar en otra cosa. El jugón tiene claro por qué juega, pero amigos míos, éste sabe que está jugando. Y cuando se está jugando, hay que jugar. ¿Que si juego para ganar? Por supuesto que juego para ganar. Tanto en los juegos en los que competimos entre todos los jugadores, como en los juegos cooperativos, en los que entre todos tenemos que conseguir ganar al juego. Si en este momento a todos se nos viene a la cabeza un amigo o amiga nuestra que cuando jugamos no le da importancia al juego, está en otras cosas, mira el teléfono móvil continuamente o cuando le toca el turno está despistado la respuesta es sencilla. Vuestro amigo o amiga no es un jugón. Tranquilos, ellos no leerían nunca esta entrada.


Jugar, jugar y jugar

Para otros jugones, sin embargo, la propia acción de jugar es el principal objetivo de sus ratos de juego. Este jugón lo único que quiere hacer es jugar cuando queda para jugar. No os entretengáis en otras cosas y poneos a jugar pronto cuando quedéis con él porque este jugón tiene otras cosas que hacer y para cuando haya de irse querrá haber jugado a todo lo posible. Suena gracioso pero normalmente respeto mucho esto porque lo comprendo. Si pudieran estos jugadores jugarían más, pero ya sea por trabajo o familia tienen el tiempo muy limitado, y echan tanto de menos cuando años atrás jugaban sin sus ataduras al reloj y jugaban y jugaban que ahora echan en falta el propio juego en sí, cosa que ahora no pueden hacer casi nunca.

“Hemos quedado para jugar y vamos a jugar.”

A este deseo de jugar sobre todo le pongo cara muy rápidamente entre mis amigos. Pienso en Esteban, conocido como Kabutor (podcaster de renombre en El Tablero Podcast). Cuando quedamos para jugar Esteban quiere que nos pongamos al tema sin distracciones. Hemos quedado para jugar y vamos a jugar. Alguna vez nos ha regañado a Alberto (conocido también como Brackder, autor de Náufragos) y a mí por hablar y contarnos cosas durante la partida.


El jugón online

¿Y qué pasa cuando eliminamos el componente social? Otra forma de jugar a juegos de mesa es a través de plataformas online. Existen páginas web desde las cuales podemos jugar determinados juegos haciendo uso de unos interfaces especialmente diseñados para cada juego. Unos mejores y otros peores, pero en esencia, simulan el mismo juego de mesa y permiten jugarlo con otros jugadores a miles de kilómetros de nosotros mediante el uso de la red.

Esta forma de jugar me hace pensar en el motivo por el que los jugones hacen uno de ello. Yo personalmente soy un gran desconocedor de estas páginas. He entrado en ellas, las conozco por encima y alguna vez he visto alguna interfaz, pero poco más. Nunca he jugado con ellas.

Entiendo que existan hoy día, porque tecnológicamente hablando, solo no existen las cosas que aún no se les ha ocurrido a nadie. Si existen los medios técnicos para hacer algo hoy día, lo único que tiene que pasar es que a alguien se le ocurra y seguro que tiene a mano las herramientas para llevarlo a cabo. Así, estas páginas no dejan de ser una herramienta que acerca el juego de mesa a los jugones cuando éstos no pueden disfrutarlo en persona. Ya sea porque no tienen el juego, de esta manera pueden probarlo, o sencillamente porque facilita el juego a distancia entre los jugadores.

Si me preguntaran diría que es un sucedáneo. Yo veo el juego mediante plataformas online como un último recurso para cuando no se puede jugar a otra cosa. Quizá yo no las he utilizado nunca porque tengo la oportunidad de jugar (más o menos) frecuentemente o porque cuando estoy usando el ordenador raramente me pongo a jugar a algo. Diría fácilmente que cuando tengo tiempo prefiero utilizarlo en leer algo en Internet o ver alguna serie o película, pero me lo voy a ahorrar porque no conozco la sensación de juego que proporcionan estas plataformas. Quizá las pruebe el día de mañana y haga uso de ellas para jugar con jugones que conozco a lo largo de la geografía española y solo los veo en jornadas. ¿Quién sabe?