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¿Evangelizar SÍ o Evangelizar NO? Caso práctico.

Posiblemente si eres lector de este blog es porque tienes -digamos- un fuerte interés en los juegos de mesa. Si has llegado a esta entrada por buscar la palabra evangelizar en algún buscador te recomiendo que cierres esta ventana que tienes frente a ti lo más rápidamente posible. No sigas leyendo, porque lo que estabas buscando y lo que acabas de encontrar créeme no tienen relación alguna. Si por el contrario, eres un jugador asiduo a los juegos de mesa, eres lector de blogs sobre esta afición, y estás inmerso en ello cada día más, es posible que seas lo que algunos identificamos como alpha-gamers, jugones.

Y lo de alpha-gamers será por algo. Será porque debe de haber otros que han de ser beta-gamers, o gamma o yo qué se. La cuestión es que puedes identificarte con este término simplemente por tu grado de implicación en este mundo, y porque puede ser que tengas amigos más inmersos que tú en él, pero sin duda alguna vas a tener muchos más que se encuentran al margen de esta noble afición que profesamos.

¿Y qué ocurre cuando los jugones -así los llamo yo siempre aquí- pasan el tiempo con sus amigos menos jugones, o poco jugones, o simplemente nada jugones? Bien, ahí está el conflicto. ¿Debemos de quedarnos al margen del “recorrido lúdico” de cada persona aunque este les lleve a no ir más allá del parchís que juegan en un bar? Y creedme, que esta noche mismo he visto una pareja jugando en un irlandés que tenía uno o varios parchís al parecer. ¿O más bien debemos de introducirlos en el mundillo lúdico? Y si fuera así, ¿cómo deberíamos hacerlo? ¿De menos a más? ¿Carcassonne, Catán y de ahí en adelante? Pues ya la tenemos liada. Para estas preguntas cada uno de nosotros tenemos una o varias respuestas.

Evangelizador lúdico

El otro día, viendo el vídeo del último podcast de Vis Lúdica nuestros amigos discutían sobre el recorrido o no que han de llevar los iniciados en los juegos de mesa. Si es conveniente para ellos o no, y si hay que introducirlos en esto de los juegos de mesa o no. ¿Evangelizar SÍ o evangelizar NO? A raíz de este podcast, y algunos twits más estuve pensando sobre el tema.

Está de puta madre decir eso de “Yo no evangelizo”, quedas como un señor. De puta madre. Clint lo ilustraba en el podcast de una forma genial. Nosotros no estamos para eso. Basta de proselitismo lúdico. Uno no está para eso. El problema de las afirmaciones tan rotundas es que no nos sirven para generalizar. Siempre que he escuchado el “no hay que evangelizar” en boca de alguien lo dice un jugón que está harto de jugar todas las semanas. Y en ese momento me acuerdo de lo poco que podíamos jugar nuestro grupo habitual hace unos años y cómo un amigo acabó atrayendo al mundillo a dos compañeros de estudios. Así que puedo entender la necesidad de buscar nuevos jugadores y la de iniciar en los juegos de mesa a amigos tuyos que no sean aficionados.

Como descubriréis en las próximas líneas, yo creo que esto depende de cada caso, como muchas cosas en nuestra vida. Yo tengo amigos muy jugones con los que juego, entre ellos blogueros, podcasters, o amigos con juegos publicados. Me puedo considerar un jugón de culo duro, pero aun así, también tengo amigos para los cuales la palabra ‘eurogame‘ no significa nada y lo más complicado que han jugado nunca es algún juego que yo les he presentado.

Mi grupo de amigos más cercano, con los que paso mucho tiempo, no son jugones. Algunos, cuando más, han jugado a videojuegos de adolescentes. Counter Strike e ISS Pro. Ni siquiera los jugones de videojuegos les llamarían gamers aunque echaran todas las horas del mundo a esos dos. Sencillamente estos amigos míos no tienen interés en jugar a un juego cuando vamos a quedar. Sin embargo, con otros amigos jugones, con los cuales tuve mis inicios en Magic The Gathering, el rol, e incluso ahora más tarde en los juegos de mesa, cada vez que quedamos se da por hecho que vamos a jugar a algún juego de mesa. Si nos contamos nuestras vidas es en compañía de algún tablero o algunas cartas. Sencillamente ambos grupos son muy diferentes entre sí. Y creo que son un buen ejemplo para ilustrar el caso.

Yo no es que tenga especial interés en evangelizar a mis amigos no jugones. Simplemente con ellos hago otras cosas la mayoría del tiempo. Lo que pasa es que alguna vez me han propuesto jugar a algún juego de mesa -ya que yo tengo tantos- y he tenido que ver qué juego era el adecuado. Por supuesto cuando les he presentado un juego les he sacado los más simples que tengo: los fillers o algún euro fácil de asimilar como el Stone Age. No les he presentado ningún temático porque normalmente son muy complicados -tienen muchas reglas que conocer- o porque la temática no les interesa en absoluto -como puede ser Arkham Horror-. Pero todas estas decisiones las tomo en base al conocimiento que yo tengo de mis amigos. Yo sé lo que pueden jugar y lo que no pueden jugar. Y no es porque tengan menos capacidad que nosotros los jugones, es que sencillamente tienen menos interés, y no van a aguantar una partida larga a un juego de muchas reglas con el que se van a estar preguntando cuándo termina y cuándo vamos a hacer otra cosa.

Así que se puede decir que yo sí evangelizo quiera o no. No voy a negar que tuve un interés hace tiempo en presentarle a mis amigos mi afición por los juegos porque paso con ellos mucho más tiempo que con otros jugones. Pero tras varios éxitos y varios fracasos ya tengo identificados los juegos que son de su interés y los que pueden o no soportar. Y utilizo este verbo porque para ellos sería un castigo tener que atender cuarenta minutos la explicación de un juego para después jugarlo durante dos, tres o cuatro horas para que después de todo no les guste.

Como resultado de esto, este año cuando probé por primera vez el Camel Up, pensé que era un juego muy adecuado para mis amigos no jugones, y unos meses después lo compré. El juego, por supuesto, ha sido todo un éxito con ellos. Se adecua en facilidad, duración, y entretenimiento a sus gustos. Hasta tal punto les gusta que me proponen jugar a él con mucha frecuencia. Más de la que yo puedo aceptar.

Lo quiera o no mis amigos no iniciados están dando conmigo sus primeros pasos en los juegos de mesa. Cada cual podrá imaginarse el posible recorrido lúdico que ellos van a tomar. Yo, que los conozco de primera mano, mucho tendría que equivocarme para no acertar diciendo que no van a pasar del escalón en el que están ahora. Y no por muchos camellos que jueguen van a pedirme algún día que les enseñe durante una hora a jugar a Through the ages.

Las 10 razones por las que compras tantos juegos

¿Qué es lo que pasa? Algo raro tiene que ocurrir en las pequeñas cabecitas de los jugones para que empleen tanto tiempo y sobre todo dinero en comprar cada día más y más juegos de mesa. Algo debe de ser lo que nos impulsa a ello. Tras darle varias vueltas al tema una pregunta llegó a mi cabeza, y no es otra que:

¿Por qué el jugón compra tantos juegos?

La respuesta a tal pregunta es complicada, y puede deberse a una o a varias razones dependiendo de cada caso. Aquí he tratado de reunir las más importantes y con las que seguro cada uno de los jugones podrá identificarse. Acompañaré la entrada de algunas fotos de jugones que posiblemente podáis conocer acompañados de sus juegos.

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Enrique, del blog Éxito y error

1. El interés por el juego.

Parece simple, pero después de pensar en otras tantas razones se me ha ocurrido que la principal no la estaba teniendo en cuenta, y por ello la menciono en primer lugar. ¿Y si no qué otra mejor razón para comprar un juego hay sino el hecho de que nos gusta? Porque disfrutamos jugando. Disfrutamos pasando el tiempo con nuestros amigos llevando a cabo esta sana afición que nos entretiene en compañía, y para jugar a un juego de mesa, frecuentemente hace falta un juego de mesa, y probablemente tendrás que tenerlo delante para jugarlo.


2. El famoso ‘hype’.

Otra palabreja que usamos los jugones en nuestro extenso vocabulario que ninguno de nuestros familiares o amigos no jugones adivinaría ni en un millón de años. Evidentemente no es exclusivo de los juegos de mesa. Al igual que nos pasa a nosotros con esta afición, al resto de mortales les puede pasar con un libro, ver una película o hasta comprarse una Termomix.

Lo que ocurre es que de alguna manera se nos presenta un juego y llega a nosotros. Puede ser mediante un vídeo de YouTube donde algún jugón nos enseña el juego, sus componentes, o cómo jugarlo -como tan bien hace Stephane en su página 5mpj-. Podemos escuchar algún podcast como El Tablero u Otro juego más donde Kabutor en uno, y Skaidan y Gwenhwivar en otro, nos cuentan sus sensaciones cuando juegan, o podéis escuchar a nuestro amigo Celacanto, que nos relata magníficamente algún pasaje de la historia en la que algún autor se inspiró y recreó al diseñar un juego. Claro está, después de ver y oír tantas alabanzas sobre un producto -los jugones somos de carne y hueso al fin y al cabo- sentimos unas mariposas en el estómago que nos llaman y nos llaman a adquirirlo cuanto antes mejor.Shut up and take my money


3. La novedad es la que manda. 

Los jugones sentimos una necesidad de cambiar de juegos rápidamente. Pocos son los juegos que tenemos en nuestras extensas colecciones que hemos jugado muchas veces. El jugón es mucho de probar todo lo que sale al mercado. Estamos continuamente informados sobre las novedades que han salido, las que van a salir, y el tiempo que se han retrasado las que debían de estar ya en el mercado. La información exhaustiva es una característica intrínseca de nuestra afición. Si estamos al tanto de cuando unas living rules se actualizan, ¿cómo no vamos a estar informados de los juegos que salen a la venta cada año? ¿O de los juegos que se premian? ¿Serán buenos? ¿O será como siempre? La cosa es que de pequeño no sentía la necesidad de probar cada Fanta que salía nueva cada verano, pero hoy día, con los juegos de mesa, apenas me puedo resistir a probar un juego nuevo cuando tengo la ocasión.


4. El precio de los juegos.

El precio de un producto es un valor que podemos decir que es relativo. Un precio es alto o bajo para cada persona dependiendo de su situación económica y laboral. Pero en general, y dando por hecho que el jugón medio pertenece a su vez a la clase media económica, el precio de un juego de mesa como artículo de consumo es un precio que el jugón se puede permitir. No me hace falta referirme a alguna cantidad en concreto para decir que algunos de mis juegos me han costado muy baratos y otros que me han costado caros, a mi juicio claro está. No tendría tantos juegos si todos me hubieran costado como el más caro de ellos, pero evidentemente el precio medio por el que los compro, y el hecho de comprarlos de una forma prolongada en el tiempo hace que ya tenga más juegos de los que considero necesarios.

Pepe Roma, podcaster en Dos de adobe y diseñador de Vuelta Rápida

Pepe Roma, podcaster en Dos de adobe y diseñador de Vuelta Rápida, Word Rally Card y Selfie!

5. Las ofertas de las tiendas.

Aquí llegamos al mayor de los problemas para nosotros los consumidores. Los períodos de rebajas y promociones especiales hacen que consumamos mucho más en estas épocas que durante todo el resto del año. La sensación de que podemos perder la ocasión de comprar un juego a un precio muy competitivo hace que nos desatemos y desinhibamos a la hora de llenar el carrito de la compra y podemos llegar a comprar muchos más de los que teníamos pensado simplemente por el mero hecho de que ‘está barato’.

Personalmente respondo al comprador medio online, y reconozco que me dejo llevar por las ofertas tanto como el que más. Como dirían los gurús del marketing online “en Internet el precio es el rey”.


6. La poca pérdida de valor.

El juego de mesa es un bien material, y como tal, está sujeto al mercado de segunda mano. Son muchas las cosas que podemos comprar y vender de segunda mano, pero dependiendo de qué estemos hablando, el valor de un artículo cuando es comprado y el valor que tiene cuando es vendido de segunda mano pueden no ser muy diferentes.

Todos sabemos que un coche nuevo pierde valor en el mismo instante en que lo sacas del concesionario. Si lo quisieras vender un minuto después de comprarlo ya perderías mucho dinero. Y ya si nos referimos al cambio de su valor pasados cinco años, la diferencia es abismal. Esto sin embargo, no ocurre del mismo modo con los juegos de mesa. El juego de mesa es un producto que mantiene muy bien su precio con el paso del tiempo. Incluso llega a revalorizarse en muchas ocasiones si estamos hablando de un juego muy bueno, de tirada limitada, o perteneciente a alguna franquicia muy seguida por sus aficionados. Así que los jugones podemos comprar y comprar juegos de mesa pensando que el día de mañana, si queremos venderlos puede que incluso no perdamos mucho dinero, sino que puede que hasta ganemos con alguno de ellos.

Ketty, del blog Jugando con Ketty

Ketty, del canal de YouTube y blog Jugando con Ketty

7. El valor estético de los juegos.

Entramos aquí en la subjetividad de cada uno, y por ello esta puede ser una razón para muchos jugones y puede no serlo para muchos otros. Aunque debemos de reconocer que el juego de mesa es un producto artístico, Los jugones sienten una admiración por sus juegos, y muchas veces no por lo que representan, sino por los objetos en sí. Son bonitos y al jugón les gusta. Además los números hablan, y claro está que mientras más bonito es un juego más vende. Michael Menzel no cobra tanto dinero por ilustrar un juego porque es un tío muy simpático -que lo es-, sino porque sus geniales ilustraciones son un valor seguro para un juego y hace que se venda más.


8. El coleccionismo.

De la mano con la razón anterior uno de los motivos principales por los que un jugón compra juegos es meramente por coleccionarlos. Y puede ser más o menos consciente de ello. Pero es un hecho. Cuando compramos y almacenamos más juegos de los que somos capaces de jugar nuestra afición empieza a derivarse más allá de lo que es meramente jugar. Yo siempre digo que hay un problema cuando nos referimos a nuestros juegos de mesa como “mi colección”. ¿Cuántas veces habremos oído eso de “lo tengo en mi colección”? Mal. Muy mal. Los juegos habría que jugarlos más y coleccionarlos menos. Y yo hablo por propia experiencia. Yo no estoy libre de pecado.

Wiskeim, presidente de la Asociación Tierras Lúdicas de Málaga

Wiskeim, miembro fundador de la Asociación Tierras Lúdicas de Málaga

9. La posesión del juego.

Podemos jugar a juegos de mesa con los juegos con nuestros amigos. Podemos jugar en algún club o asociación, con los juegos que tienen allí. Y de esta manera podríamos jugar mucho y a muchos juegos, pero sin embargo, muchas veces, por algún motivo, preferimos tener nuestra propia copia de un juego aunque también lo tenga algún amigo nuestro o lo tengamos a nuestro alcance en nuestro club o asociación -quien pueda-.

Yo relaciono esto con pagar el gimnasio. Y os hablo en primera persona. Yo voy a un gimnasio en el que pago unos seis euros más al mes por tener acceso a la piscina. No es extraño que más de un mes no vaya ni un día a la piscina, pero eso no me hace dejar de pagar por seguir teniendo acceso a ella. Tener tu propia copia de un juego puede asemejarse a esto. Si tienes tu copia puedes jugarla cuando quieras, esté o no tu amigo que tiene ese juego. Puedes jugarlo con otros amigos, o puedes llevártelo a donde sea. En resumen, tienes la continua disponibilidad de ese juego.


10. El compromiso emocional. 

Aquí para terminar haré referencia a los sentimientos que nos generan los juegos. Más allá de ser un objeto, un bien material, el juego de mesa es un personaje en nuestras vidas que nos ha acompañado a lo largo de nuestro crecimiento y madurez. Muchos son los momentos que recordaremos al mirar un juego en la estantería, al abrirlo, al olerlo incluso. Todas esas sensaciones que nuestro cuerpo experimenta después se convierten en recuerdos y nostalgia. ¿Y si no por qué habría de tener tanto éxito un juego que se reedita ahora veinticinco años más tarde? Porque nos recuerda aquellos años en los que jugábamos con nuestros amigos y lo pasábamos tan bien aquellas tardes de domingo.

Miguel Ángel

Miguel Ángel (darkmaikegh), del blog Luz desde el lado oscuro, y miembro de la Asociación Tierras Lúdicas de Málaga

Fotos de jugones

Pidiendo fotos con las que acompañar la entrada entre los jugones con los que he contactado se me ha ocurrido la idea de recopilar fotos de todos los jugones con sus respectivos juegos. Me gustaría poner una página en el blog dedicada a ello. Creo que estaría muy bien tener un álbum de fotos del panorama jugón. Así que si eres jugón y lector de este blog, ponte en contacto conmigo y estaré encantado de contar con tu foto en una futura sección del blog.


Encuesta: ¿Cuántos juegos tienes?

Como reflexión creo que está bien esto, pero más allá de un mero ejercicio de introspección, quisiera acompañar lo aquí expuesto con datos. No creo que las conclusiones que podamos sacar de ello sean muy determinantes, pero he pensado que una encuesta en este tema podía ayudarnos muy mucho a conocernos a nosotros mismos respecto al resto de población jugona -al menos en lo que a los lectores de este blog se refiere-. A continuación publico una pequeña y simple encuesta para conocer en qué números nos movemos al hablar de jugones y sus juegos.

¿De dónde viene el jugón?

Todo el mundo tiene un pasado. Hasta las estrellas de Hollywood de hoy día tienen fotos en las que salen con un peinado que hoy nos parecería más que gracioso, o han hecho algún trabajo más que chungo del que ahora no quieren acordarse. Pues nosotros los jugones también tenemos un pasado. No me quería referir a que hayamos hecho algo oscuro en nuestra adolescencia o juventud, pero ciertamente todos tendremos fotos de algún peinado que querríamos no viese la luz nunca en esta vida.

Pues sí, en nuestro pasado ya jugábamos a algo. Algunos jugones de hoy día cuentan siempre la misma historia. De jóvenes jugaban a rol. Solían pasar largas tardes de domingo con los amigos matando orcos, investigando sucesos extraños o pilotando cazas estelares. Y es que es muy bonito cuando recordamos esos días pasados con la añoranza con la que lo hacemos hoy. Hoy día no tenemos ese tiempo que teníamos tantos años atrás. Nuestros quehaceres nos ocupan demasiado tiempo. Pero la ilusión puede que la mantengamos intacta.

Inicios jugones

Cruzada Estelar, Star Wars El juego de rol, y Magic The Gathering

Esa ilusión yo la tengo desde luego. Hace unas semanas compré esto. En mi adolescencia, como esos jugones a los que menciono, yo he jugado a rol. Mucho menos de lo que hubiera querido, y no he sido un gran jugador, pero ciertamente he disfrutado cada uno de los momentos -esas largas tardes de domingo- que pasé con mis amigos. Por supuesto que ahora no juego. Y no es que me falten ganas. Hace poco uno de mis compañeros de juego nos preguntaba por Facebook si estaríamos interesados en jugar a rol en algunas de las mañanas de domingo que ahora dedicamos cada dos semanas a los juegos de mesa. Yo contesté ilusionado que por supuesto. Aunque como todo en estos días que llevamos, las cosas van despacio y aún no he blandido ninguna espada, no he investigado ningún misterio ni he intentado reparar mi sable láser. Supongo que mi reciente compra más que nada se puede deber ya al mero coleccionismo, aunque no descartaba la idea de intentar introducir en aquel mundillo olvidado a amigos no jugones con los que juego de vez en cuando.

¡Ay, el pasado! ¡Hay que ver la felicidad con la que recordamos esos días! Ciertamente es así. Aunque también, nuestro yo actual podría decirle tres o cuatro cosas a nuestro yo pasado si tuviera un teléfono con el cual comunicarse con él. Yo siempre digo que me encargué de cargarme mis notas en el instituto mientras jugaba a Magic The Gathering. Este es otro posible pasado que muchos jugones de hoy día han podido experimentar. Si pudiera hacer esa llamada mi yo responsable -o al menos más que aquél- le diría a mi yo adolescente que guardase un poco más las cartas y estudiase un poco más de vez en cuando, y probablemente que se gastase menos dinero en ellas. No quisiera hacer la cuenta de cuánto dinero pude gastar en cartas durante aquellos años, pero básicamente era cada peseta que pasaba por mis manos. Y por supuesto mis cartas hoy día no es que valgan mucho dinero. Ya se encargó de ello Wizards of the Coast de seguir sacando expansiones para devaluar el precio de nuestras antiguas cartas, que de poco más sirven ahora sino para hacer bulto en los plásticos cuando vamos a hacer un prototipo o print&play.

¿Imperio Cobra y otros tantos de aquella editorial? Pues no. Aquellos yo no los jugué, aunque supongo que muchos lectores de esta entrada tendrán muy buenos recuerdos ahora mismo. Yo soy nacido en el año del Mundial de fútbol en España y lo que recuerdo haber jugado es a mi Cruzada Estelar -que aún conservo-. Recuerdo dónde me lo compró mi madre, y hasta el precio que le costó. 3000 pesetas. El Heroquest costaba 3500 pesetas, y yo quizá la convencí de que me comprase aquel Cruzada Estelar diciéndole que era más barato que el otro. Es extraño recordar que hasta con aquel juego ya hacía yo la labor evangelizadora que se nos supone hacemos hoy día a los jugones, o como se nos llama en otros sitios, los alpha-gamers. En mi pueblo ya jugaba con amigos que no estaban acostumbrados a jugar a juegos de aquella complejidad.

Son muchos y variados los inicios de los jugones de hoy día. Estos fueron los míos. Después de ellos -al igual que muchos jugones- apenas he jugado a nada hasta hace pocos años. Muchos años de inactividad de juego que no han hecho más que acrecentar las ganas con las que ahora nos hemos metido de lleno en esta afición. La afición del juego de mesa está en alza hoy día. Se deberá al trabajo de mucha gente, sí, pero la añoranza que teníamos tantos de nosotros tiene más que su importancia.

¿Por qué juega el jugón?

Desde que jugamos a juegos y hablamos sobre ello, este es un tema sobre el que discutimos con cierta frecuencia. Parece una de esas preguntas existenciales de por qué estamos en este mundo pero trasladada a nuestra afición. ¿Por qué jugamos? ¿Con qué motivación juega cada uno de nosotros? Estas son preguntas de difícil respuesta, aunque la clave, como todo en esta vida, es que hay variedad de situaciones. Hay distintos jugadores y cada uno tendrá sus razones por las que dedicar las tardes, las noches, o cuando sea a jugar. En el resto de la entrada voy a intentar desgranar un poco el asunto y pretendo ampliar el tema en alguna entrada posterior.


El jugón es social

Hay personas que afirman que lo que les gusta de jugar a juegos de mesa es precisamente el aspecto social del mismo. Para ellos el objetivo primordial es quedar con los amigos y pasar la tarde. Su afición a los juegos de mesa se caracteriza principalmente por su componente social. Para este jugón, los momentos de juegos son momentos compartidos con otros amigos. Sin conocer datos (tarea imposible por otra parte) apostaría a que la mayoría de jugones pertenecen a este grupo. Quizá sea porque yo me encuadro inequívocamente en este grupo, y porque la mayoría de la gente que conozco también pertenece a éste. Como me considero así, un jugón social, hablaré de sus características desde mi propia experiencia, pues ¿qué cosa hay más fácil que escribir sobre la propia visión de uno mismo?

Jugones en el Festival Internacional de juegos de Córdoba 2014

Jugones en el Festival Internacional de juegos de Córdoba 2014. De izquierda a derecha: Gonzo, Andrés, Valentín, Lorena, Estrella, Aitor y Cefe.

Los ratos de juegos para mí son ratos pasados con mis amigos. Fácil. Mi propósito a la hora de quedar para jugar es pasar el tiempo entre amigos y de paso emplearlo en algo que me gusta como lo son los juegos de mesa. Disfruto igualmente cuando con mis amigos me tomo un café en nuestra cafetería favorita, o cuando salimos por la noche y lo que tomamos son cervezas o gin-tonics. Son actividades distintas pero el trasfondo es el mismo. En las tres situaciones me gusta reunirnos y contarnos los problemas que tenemos, las cosas buenas que nos pasan y discutir sobre el tema que nos venga en gana.

Alguno podrá pensar en si tanto componente social puede entrar en conflicto con el propio acto de jugar y la competitividad que lleva implícita. Pero nada más lejos de la realidad. ¿El jugón no es competitivo? Por supuesto. La propia denominación no nos hace pensar en otra cosa. El jugón tiene claro por qué juega, pero amigos míos, éste sabe que está jugando. Y cuando se está jugando, hay que jugar. ¿Que si juego para ganar? Por supuesto que juego para ganar. Tanto en los juegos en los que competimos entre todos los jugadores, como en los juegos cooperativos, en los que entre todos tenemos que conseguir ganar al juego. Si en este momento a todos se nos viene a la cabeza un amigo o amiga nuestra que cuando jugamos no le da importancia al juego, está en otras cosas, mira el teléfono móvil continuamente o cuando le toca el turno está despistado la respuesta es sencilla. Vuestro amigo o amiga no es un jugón. Tranquilos, ellos no leerían nunca esta entrada.


Jugar, jugar y jugar

Para otros jugones, sin embargo, la propia acción de jugar es el principal objetivo de sus ratos de juego. Este jugón lo único que quiere hacer es jugar cuando queda para jugar. No os entretengáis en otras cosas y poneos a jugar pronto cuando quedéis con él porque este jugón tiene otras cosas que hacer y para cuando haya de irse querrá haber jugado a todo lo posible. Suena gracioso pero normalmente respeto mucho esto porque lo comprendo. Si pudieran estos jugadores jugarían más, pero ya sea por trabajo o familia tienen el tiempo muy limitado, y echan tanto de menos cuando años atrás jugaban sin sus ataduras al reloj y jugaban y jugaban que ahora echan en falta el propio juego en sí, cosa que ahora no pueden hacer casi nunca.

“Hemos quedado para jugar y vamos a jugar.”

A este deseo de jugar sobre todo le pongo cara muy rápidamente entre mis amigos. Pienso en Esteban, conocido como Kabutor (podcaster de renombre en El Tablero Podcast). Cuando quedamos para jugar Esteban quiere que nos pongamos al tema sin distracciones. Hemos quedado para jugar y vamos a jugar. Alguna vez nos ha regañado a Alberto (conocido también como Brackder, autor de Náufragos) y a mí por hablar y contarnos cosas durante la partida.


El jugón online

¿Y qué pasa cuando eliminamos el componente social? Otra forma de jugar a juegos de mesa es a través de plataformas online. Existen páginas web desde las cuales podemos jugar determinados juegos haciendo uso de unos interfaces especialmente diseñados para cada juego. Unos mejores y otros peores, pero en esencia, simulan el mismo juego de mesa y permiten jugarlo con otros jugadores a miles de kilómetros de nosotros mediante el uso de la red.

Esta forma de jugar me hace pensar en el motivo por el que los jugones hacen uno de ello. Yo personalmente soy un gran desconocedor de estas páginas. He entrado en ellas, las conozco por encima y alguna vez he visto alguna interfaz, pero poco más. Nunca he jugado con ellas.

Entiendo que existan hoy día, porque tecnológicamente hablando, solo no existen las cosas que aún no se les ha ocurrido a nadie. Si existen los medios técnicos para hacer algo hoy día, lo único que tiene que pasar es que a alguien se le ocurra y seguro que tiene a mano las herramientas para llevarlo a cabo. Así, estas páginas no dejan de ser una herramienta que acerca el juego de mesa a los jugones cuando éstos no pueden disfrutarlo en persona. Ya sea porque no tienen el juego, de esta manera pueden probarlo, o sencillamente porque facilita el juego a distancia entre los jugadores.

Si me preguntaran diría que es un sucedáneo. Yo veo el juego mediante plataformas online como un último recurso para cuando no se puede jugar a otra cosa. Quizá yo no las he utilizado nunca porque tengo la oportunidad de jugar (más o menos) frecuentemente o porque cuando estoy usando el ordenador raramente me pongo a jugar a algo. Diría fácilmente que cuando tengo tiempo prefiero utilizarlo en leer algo en Internet o ver alguna serie o película, pero me lo voy a ahorrar porque no conozco la sensación de juego que proporcionan estas plataformas. Quizá las pruebe el día de mañana y haga uso de ellas para jugar con jugones que conozco a lo largo de la geografía española y solo los veo en jornadas. ¿Quién sabe?

El jugón quiere reconocimiento

Pretendía para esta semana la publicación de otra entrada, pero ya que lo que inspira la entrada ha tenido lugar hace poco tiempo y la cosa está de actualidad he cambiado de tema y entre otras cosas por eso publico la entrada un poco más tarde de lo que pretendo.

La reciente publicación de los nominados para el JdA2014 ha propiciado, como todos los años, multitud de comentarios entre los jugones, y sus cuentas de Facebook y Twitter han estado echando humo de tanto trabajo, además de la tradicional discusión del tema por el foro labsk. La cosa es que me ha llamado la atención la intensidad mostrada con la que son defendidas opiniones respecto a la denominación del premio, sus criterios de selección de nominados y la adecuación del público al que va dirigido. Esto me ha hecho pensar en el por qué de esta preocupación por parte del jugón. ¿Es relevante para el jugón el premio? ¿Se siente representado? ¿Por qué el malestar del jugón hacia el premio? Son preguntas que son muy interesantes de discutir. A continuación, y para no extenderme mucho, expongo en unas pocas líneas qué dice cada uno de los bandos:


¿Qué argumenta el jugón?

En primer lugar el jugón defiende que el premio debería denominarse de otro modo, y no ostentar el título de Juego del Año, pues es un modo de generalización muy básico que por extensión, califica al ganador como el mejor juego publicado ese año en España. Esto en principio no debería ser tal problema. El problema para el jugón, en segundo lugar, es que los criterios de selección del premio no son representativos con las preferencias del jugador experimentado.


¿Qué defienden los cercanos al premio?

Las personas que organizan el premio, miembros del jurado (también jugones) argumentan, por otra parte, que el premio es una recomendación que se hace cada año y que a cada cual le será de utilidad si tiene que pensar en algún juego que comprar para sí o para regalar y no se sabe por cuál decidirse, ahí se tiene una opción que va a ser buena. Defienden sus criterios de juegos accesibles para el público argumentando que los jugones no necesitan tal recomendación. Ellos ya tienen su criterio, y precisamente no es el mismo que el del público.


El jugón -y nótese que generalizo- en general entiende la existencia de un premio que fomenta la difusión de la afición entre el público profano en la materia. De hecho, es sobradamente conocido por el jugón el más notorio de los premios en los juegos de mesa: el Spiel de Jahres. Otra cosa diferente es que lo tenga en cuenta. Los criterios de selección de nominados y premiados del JdA difieren poco de los del premio alemán. Se premian juegos que son accesibles para todo el público prestando especial atención al público familiar. Todo esto lo entiende el jugón, y de hecho, cada año los juegos nominados al Spiel des Jahres son juegos familiares, poco complicados, y generalmente de corta duración. Sin embargo no se monta el revuelo que se monta al hablar de lo que a nosotros nos toca más de cerca, que es el JdA.

“Las críticas más importantes al premio son en relación a su denominación Juego del año, y al criterio mostrado por éste a la hora de seleccionar a los nominados.”

Las críticas más importantes al premio son en relación a su denominación Juego del año, y al criterio mostrado por éste a la hora de seleccionar a los nominados. Aquí sí estoy particularmente de acuerdo con la opinión general del jugón. ¿Qué le vamos a hacer si yo soy uno más?

Como he dicho antes, el jugón, y yo mismo, entendemos que el objetivo del premio no es otro que el fomento de la afición. Sin embargo, pienso que esta intención no debería tener más importancia en la calificación de un juego que su calidad. Tengo dudas de que sencillamente premiando juegos accesibles en detrimento de otros más buenos pero más complejos se consiga un fomento de la afición. Para mí esta forma de nominar los juegos es la forma de no nominar a los mejores, y eso creo que afecta a la credibilidad del premio.

Precisamente esto es un problema a mi entender. El premio Juego del año actualmente es el único premio que hay en España que se otorgue a juegos de mesa publicados. La ausencia de otros premios hace que éste tenga una responsabilidad más de la que los propios organizadores no parece que se den cuenta. Yo ya sé cómo funciona el premio, y a qué atenerme cuando veo un sello en un juego en una tienda, pero la persona que quiera iniciarse en la afición y desconozca cómo funciona esto sencillamente no tiene toda la información acerca de por qué ese juego tiene esa etiqueta. Podría ser que precisamente por pertenecer a esa categoría de juegos ‘accesibles’ esa persona no fuera a comprarlo, pero simplemente ve un sello que le dice una frase muy contundente: “Juego del año”. Aunque se quiera ver como sea, yo entiendo que quiere decir que ese juego es mejor que todos los publicados ese año. Y sencillamente no es verdad.


Y ¿por qué este malestar en el jugón?

El malestar del jugón viene dado por el reconocimiento que este no tiene. El jugador experimentado no se encuentra representado por el premio, por el único premio a juegos de mesa, la cual es su afición que tanto ama. Eso es lo que le cuesta tanto aceptar al jugón, y por lo que año tras año se produce la misma discusión.

“El jugón es una minoría, y no se le respeta.”

La parte visible de la afición para el jugón, es decir, los foros, los blogs, las jornadas, e incluso las tiendas especializadas, está copada precisamente por jugones. El jugón ve y lee continuamente a otros jugones. No ve a padres de familia que lleguen a una tienda o centro comercial y pidan y compren el JdA como es lo que puede pasar en Alemania. Para el jugón, el mundo de los juegos de mesa es el mundo que él ocupa, y no va a dar su brazo a torcer porque comercialmente él sea menos importante que el otro consumidor al que se quiere llegar. El jugón es una minoría, y no se le respeta.

A mí me encantaría, es más, creo que sería muy bueno para los juegos de mesa que existiera más de un premio en España. Puede que no fuera bueno para el premio ya existente porque le quitaría credibilidad, aunque en esto quizá pueda estar equivocado y se pudieran alimentar uno de otro. Mientras no exista este nuevo premio, en nuestros blogs tenemos un ejemplo en El Dado de Jack, el blog de nuestro compañero Betote. Allí de momento podemos votar los jugones y obtener ese poquito de reconocimiento que esperamos. Por mi parte, como mejor se me ha ocurrido recompensar al jugón es con la imagen que acompaña esta entrada. Un poquito de reconocimiento, que nos hace falta. Menos es nada.